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viernes, 20 de marzo de 2015

El crimen de Daiana: demasiadas pibas menos




El crimen de Daiana: demasiadas pibas menos 
  Publicado: 17 Marzo 2015 
 Por Claudia Rafael 

 (APe).- ¿Cuál es el tiempo real durante el que el nombre de una víctima de violencias perdura en la memoria colectiva? ¿Cómo se calcula el espacio que ocupará una u otra víctima –según un amplio abanico de peculiaridades- en los medios periodísticos ávidos de historias que prolonguen el show? ¿Decir Angeles Rawson o Lola Chomnalez es exactamente igual, a ojos de los medios y de la sociedad, que pronunciar Juana Emilia Gómez, Romina Ríos o “Peli” Mercado? ¿Durante cuánto tiempo se congelará la mueca de espanto social que provocó esta semana la aparición sin vida de Daiana Ayelén García, con sus 19 años, a la vera de la ruta 4, en Lavallol? ¿Alguien sabe, más allá de las fronteras olavarrienses, quién fue Magalí Giangreco? Y ¿qué resguarda la memoria colectiva de la telaraña de perversidad que rodeó la desaparición y homicidio de Candela Sol Rodríguez en Hurlingham? 

 El espanto del final, los mecanismos y la crueldad de victimarios casi siempre anónimos e impunes es el único punto que las une. Por el resto, el transcurrir de sus vidas y la reacción social ante sus desapariciones y sus crímenes las aleja y las ubica en antípodas irreconciliables. 
 En medio de la mansedumbre del pequeño pueblo riojano de Patquía, con sus escasos 1800 pobladores, decir “Peli” es decir desaparición. Ramona Nicolaza Mercado es su nombre y en aquel abril de 10 años atrás tenía apenas 13. Dicen en el pueblo que es la Marita Verón de La Rioja. Ella, que solía decir que “hay un señor que me dice cosas y me molesta”. Y ese señor era un policía. “El 26, Peli fue al colegio Humberto Pereyra, donde cursaba noveno año, rindió matemática y se sacó un 10. A las 19.30 se preparó la merienda, que era infaltable para ella, porque era de buen comer, se sirvió dos tazas de chocolatada con tostadas con mermelada y manteca y quedó con la mamá de ir a devolverle un pantalón negro a mi otra hermana y unas botas que ella le había prestado para ir a una fiesta de 15. Estaba a cinco cuadras, pero nunca llegó. Entre las 20.30 y las 21.00 a ella se la llevaron. Y nunca más una noticia, ni un llamado, nada”, contó hace años otra de las tías al suplemento “Las 12”, de Página. Se cree que fue devorada por las mismas redes que capturaron a Marita Verón 13 años atrás.
 “Peli” no tuvo titulares ni reclamos mucho más allá de las fronteras de su Patquía. Allí donde también vivía Romina Ríos, que tampoco los tuvo y que fue encontrada en febrero en la capital riojana después de varios días de búsqueda. La policía provincial habla de ese eufemismo justificador conocido como “crimen pasional” por el simple detalle de que el único imputado es un hombre de la fuerza de seguridad provincial. La misma que sostuvo el clásico mensaje a la mamá: “Señora, hubiese cuidado mejor a su hija, se debe haber ido con algún noviecito”.
 Dicen las cifras publicadas hace escasos días a través del informe “Desaparición en democracia. Informe acerca de la búsqueda de personas entre 1990 y 2013” (Acciones Coordinadas Contra la Trata (ACCT) en conjunto con la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas) que hay 6040 desaparecidos entre 1990 y 2013, de los cuales 3231 son mujeres y 2801 hombres. Con unos 8 de los que no se incluye el género.
 Bucear en cada uno de los números regionales y provinciales expone contradicciones difíciles de conciliar. En donde no se puede soslayar un problema de registros evidentemente notorio. Pero los 6040 casos registrados en ese informe para todo el país representan el 0,01 % del total de habitantes. Cuando, en cambio, se recorren las cifras provinciales, salta a los ojos que Tucumán, con sus 1453 desapariciones denunciadas de las cuales algo más de 900 son mujeres representa el 0,1 % del total de la población. La diferencia es tan abismal que las desapariciones tucumanas son 12 veces más importantes numéricamente que las que se consideraron en el resto de las regiones argentinas. Tal vez por eso, el ícono argentino de las desapariciones siga siendo Marita Verón.
 En medio de esos 6040 están, por ejemplo, Peli Mercado, Fernanda Aguirre, María Cash, Florencia Pennacchi, Sofía Herrera, Marita Verón, Otoño Uriarte, Andrea López, Natalia Acosta. Allí estuvieron, probablemente, tantas otras cuyos cuerpos fueron luego encontrados. ¿Acaso, más allá de sus afectos, alguien recuerda a Araceli Ramos, con sus 19 años, asesinada por un ex prefecto cuando había concurrido a una falsa entrevista laboral igual que Daiana? En una danza mediática que un buen día decidió excluir de la memoria a Melina Romero, escasos meses después, la misma a la que Clarín definió como “una fanática de los boliches que abandonó la secundaria”.
 ¿Durante cuánto tiempo se prolongará la imagen de Daiana García, posando en face o ya estragada por la perversidad humana, en las pantallas de los televisores identificada por su papá el mismo día en que se cumplían 3650 noches desde la ausencia de Florencia Pennacchi? ¿Cómo se establece el rating macabro que determinó la transmisión 24x24 de Angeles Rawson? ¿Por qué lapso extra se hubiera prolongado la permanencia de Lola Chomnalez en las pantallas televisivas y tapas de diarios si no hubiera surgido con la fuerza de un huracán un hombre llamado Nisman que se transformó en pancarta con un maniqueo “yo soy” que ya entró en territorio de dudas? ¿Por qué Juana Gómez, qom chaqueña; Yamila Chacoma, desde su Comodoro Rivadavia o Sofía Viale, desde Pico nunca fueron pancarta colectiva?
 Sólo el instante del estrago las hermanó. Apenas eso. El segundo feroz de la mano opresora que asesina desvió para unir fugazmente esas dos vías irreconciliables que nacen en la inequidad y persisten más allá de la muerte.
 Hay –decires imprescindibles de Juan Gelman- una declinación del coeficiente de ternura que omite, con una frecuencia de espanto, la palabra indignación.

 Edición: 2879

viernes, 9 de enero de 2015

Néstor: otro crimen sistémico




Néstor: otro crimen sistémico 
  Publicado: 07 Enero 2015 
 Por Silvana Melo 

 (APe).- Aquí no se va a exhibir su foto. Un llanto de siete años con la piel pegada a las costillas anunciando la tuberculosis. Ni se va a banalizar la muerte de un niño con la perversa vulgaridad del mercado de pulgas televisivo. Ni se va a caer en el golpe bajo de calcular que Néstor Femenía murió justo el día en que llegaban los reyes magos. Porque Néstor Femenía vivió sus poquitos años bien lejos de la monarquía mítica. Y mucho más, de la magia. 

 Néstor es otro niño más (es un pibe menos), tan anónimo como tantos niños que caen bajo el veneno sistémico, un Proteo que hoy se viste de paco devastador, mañana de gatillo fácil, todos los días de hambre, desnutrición, tuberculosis. Y una partida de defunción que legaliza una falacia, una mentira atroz: Néstor murió de “enfermedad”. Cuando en realidad Néstor fue víctima de una muerte provocada por abandono y desidia. Murió de hambre y tuberculosis. Murió asesinado por las esquirlas de una pata asistencial del Estado. 
 Con una familia estragada por la historia, mutilada culturalmente, despojada de sus bienes colectivos, desterrada y confinada en los patios traseros de Villa Río Bermejito. Donde el intendente Lorenzo Heffner ha sido denunciado por racismo. Donde hace dos años mataron a golpes a Imer Flores, de doce años. A golpes o a hambre. O a tuberculosis. Así se mata en el Chaco. Así mueren los niños qom.
 La familia –Claudio y Rosana- mantienen una vida nómade por pura necesidad. Corridos por la extensión de la frontera agrícola, la patria sojera y el agronegocio, sostienen una vida azarosa con una bolsa alimentaria de vez en cuando y la prisión clientelar del poder político. Que les confisca los documentos cuando es necesario y los devuelve al monte y al pantano cuando ya dejaron de servir. Que no les entiende la lengua, que les habla en gringo en los hospitales, que les habla en blanco en las oficinas de Desarrollo Social. Y los dejan esperando horas en las salas de desespera. Por eso tantas veces recurren al chamán, que por lo menos es propio y conoce. No hay mucha duda ante aquello que es ajeno y desprecia. Por eso se llevaron al niño varias veces de los hospitales. Por eso los culpan hoy de su muerte. Los medios canallas y los médicos cómplices y las máscaras políticas del estado.
 En setiembre Néstor cayó en el hospital de Bermejito, con una tuberculosis desatada. Cayó en las telarañas sistémicas que debían salvar la vida de un niño pero la trampa está preparada para que los originarios, los pobres, los desgraciados sean descontados de la vida. El Centro Nelson Mandela habla de “el extermino continuo, sistemático y silencioso que el Defensor del Pueblo de la Nación afirmó que se producía en El Impenetrable en el año 2007, cuando inició un juicio ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación contra los gobiernos de Argentina y de Chaco por violación de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos, vigentes en la Argentina desde el año 2004”.
 Un enfermero de origen qom tomó una foto de Néstor que se viralizó en las redes sociales. Entonces sí lo derivaron al hospital Güemes de Castelli: el niño existía porque aparecía en los portales y en los diarios regionales. Hasta ese momento era apenas un despojo de una vieja historia que insistía en sobrevivir. En setiembre comenzaba a ser un niño, moreno, frágil, con la piel pegada a las costillas y el llanto en los ojos y en la boca. Cobró entidad. Y los responsables de la salud resolvieron castigar a quien tomó la foto para quitarse de encima el peso de esa imagen.
 Pero era tarde. Su familia siguió huyendo del monstruo sanitario que acorralaba y no sanaba. Sin embargo, los informes de hospital a hospital aseguraban que existía un tratamiento anti-tuberculosis seguido a pie juntillas. Una falacia asociable al certificado de defunción que nunca hablará de desnutrición, hambre, tuberculosis y neumonía. La obediencia debida de los profesionales entrampados en una trama perversa. Anestesiados para rebelarse. Insensibilizados para ensayar un no.
Hace una docena de años fue Barbarita, la nena tucumana. Hace siete años fue Rosa Molina, 56 años, 30 kilos, en el Chaco. Hace dos, Fabricio Vallejo, 6 años, Tucumán. Tres imágenes aleatorias que los medios suelen elegir como historias individuales e icónicas. Imágenes flaquísimas, de huesos visibles, con dentaduras ausentadas. Golpes bajos para que televidentes y consumidores varios se rasguen las vestiduras y derramen la lágrima compasiva del día.
 Sin una transformación profunda, seguirán muriéndose de “enfermedad” o de “paro cardiorrespiratorio” como en 2005 en el Chaco de Roy Nikisch, como en 2011 en la Salta de Urtubey, como en 2009 en el Chaco de Capitanich, como en 2010 en la Misiones de Clos, como durante toda la historia en las colonias wichi, toba, qom, del norte argentino, exterminadas por masacres directas (Napalpí, El zapallar) o sutiles como la desnutrición (“cuestiones culturales”). Arrasadas para el despojo de la tierra por las balas de la gendarmería y/o de las policías provinciales. Tierra que les pertenece, que guarda los espíritus en las alas de las mariposas y en la panza de la pacha, de donde brota la vida como las semillas.
 Que quede claro: Néstor no murió de enfermedad. Su muerte fue provocada. Porque era evitable y no se evitó. Porque tuvo una vida y se la arrancaron diariamente. Por niño, por pobre, por qom, por desterrado, por condenado desde el origen. “Un niño que muere de hambre muere asesinado”, dice Alberto Morlachetti. Cada niño “es una piecita del gran rompecabezas de la condición humana”. Cada niño que muere deja un espacio ausente. Y nada volverá a ser igual. Sin Néstor, sin Ezequiel, sin José Rivero, sin Nicolás Arévalo. Sin Leila ni Joan. La vida queda renga. La humanidad mutilada.
 Y los monstruos de la historia, los cotidianos, los que se cubren con el manto de los corderos y de los piadosos, vuelven a ganar la partida.
 Hasta quién sabe cuándo.

 Edición: 2843

viernes, 21 de noviembre de 2014

Agentes naranja




Agentes naranja 
  Publicado: 18 Noviembre 2014 
 Por Silvana Melo 
 (APe).- El naranja aluvional espera en los bordes de las rutas, empuja en las cartelerías urbanas, resalta en las páginas de los diarios y envuelve las combis que circulan con una sola palabra: Presidente. Daniel Scioli cumplirá el año que viene ocho extensos y arduos ejercicios provinciales a cargo de la Gobernación más compleja. La que aglutina a más del 35% de la población del país. Aquella paradójica donde impone un modelo ortodoxo policial y clientelista, donde la pobreza, la marginalidad y la vulnerabilidad se cronifican y, a la vez, lo lanzan, al Gobernador Naranja, a la carrera estelar por la Presidencia. 

 El, que descree de las maldiciones y de las cruces de sal que la historia ha asestado de este lado de la General Paz. 
 A estas alturas, ya tiene su presupuesto. Que no es cualquier presupuesto: es el presupuesto del tobogán que lo depositará (está convencido) en el sillón de Cristina cuando ella se levante y lo deje para volver a Calafate. Por eso es un presupuesto plagado de policías, de armas, de patrulleros y chalecos antibalas. 
Y escaso de educadores. Un presupuesto descollante de oleaje naranja. Y pobre en programática infantil. Un presupuesto de campaña, de oro hacia afuera, de hierro hacia adentro. Que confirma un statu quo de desigualdad extrema. Un estado que incluye a unos entre algodones y a otros entre ortigas. Los últimos son mayorías.
 El monto para gastar en 2015 aumentó en un 36%, en un sinceramiento del porcentaje inflacionario previsible que, hacia la gente, no se reconoce jamás. A la salud y la educación, sin embargo, les tocó un aumento más petiso: 28%. Porque la gran estrella es, nuevamente, la seguridad: se disparó un 66%, a costa de los paquetes de programas sociales que, de todas maneras, suelen gozar de un nivel indecoroso de subejecución.
 El Gobernador Naranja ha tomado decisiones de campaña coherentes con su patrón filosófico. Aumenta el poder de fuego del Estado y disminuye las herramientas de defensa de las franjas más débiles. Que son las más inseguras. Y no tanto por su propiedad privada (que suele ser escasa) sino por su azarosa alimentación, su deterioro sanitario, su vivienda deficitaria, su frío en los inviernos, sus incendios en los veranos. Nada de esto se resuelve con ninguno de los 246 mil millones de pesos con que el Gobernador armó su esquema presupuestario.
 Nada de esto se resolvió con la emergencia en seguridad decretada hace seis meses (600 millones de pesos para comprar 1.000 móviles equipados, 30.000 chalecos antibalas, 10.000 armas con sus municiones), que desjerarquizó la otra inseguridad, la más sostenida, la que nace de las vísceras y se desviste en la calle día tras día: seis veces menos (104.760.000) eran destinados a la alimentación, la salud y la atención diaria de los chicos que viven en organizaciones sociales a la buena del dios que atiende en los escritorios de la Secretaría de Niñez o de los programas UDI (Desarrollo Social). Con una aleatoria decisión política de pagar o no los programas becarios, según el humor de los funcionarios de turno. Que, lamentablemente para los niños y las organizaciones (parias sistémicos) suele ser malo.
 Nada de esto se resolverá con la incorporación de 25 mil nuevos policías. 15 mil de ellos para una nueva fuerza, esta vez local. Las políticas de seguridad y social se abrazan en un solo concepto, profundo y definitorio (también, acaso, definitivo): la consolidación de las herramientas represivas (una sábana que cubre hasta la nariz) para disciplinar a la multitudinaria desnudez de los pies. La seguridad no es el abrigo de los desnudos. Sino el castigo a los resistentes. El CELS y la Comisión por la Memoria calculaban unas 280 muertes en manos policiales durante un año de la emergencia.
 Desde el 2008, las partidas para Educación caen porcentualmente sin pausa: desde el 33,2% al 27,81 para 2015.
 Pero éste es un presupuesto de campaña: el aluvión naranja se llevará un 40% más de inversión publicitaria que en 2014.
 Por las dudas, el inmaculado Servicio Penitenciario Bonaerense tendrá un presupuesto aumentado en un 57%. Preparadas y amorosas, sus cárceles, para recibir a tantos de los 220.000 chicos que se guarecen, desdeñados por el Estado, en las organizaciones sociales. Con becas de 450 pesos intocados desde 2009. Apenas 99 millones (de 246 mil) que a veces se pagan y a veces no. O los 1675 que viven en hogares y que le cuestan al Estado poco más de dos millones. Que a veces se pagan y a veces no.
O los 6250 que pasan por los centros de día, con becas de 650 pesos. Una erogación de 3.750.000 pesos que a veces se pagan y a veces no.
 Más policía y más cárceles redondean con moño y brillantina el presente ideológico con el que el Gobernador Naranja aspira a llegar a la Nación.
 Si es que se calza la pata de conejo, cruza los dedos y toca madera. Porque hay que vencer la oscura condena de la Provincia.
 Jamás un gobernador fue elegido presidente. Ni con la policía.

 Edición: 2816

viernes, 18 de julio de 2014

Pelota de Oro




Pelota de Oro 
  Publicado: 17 Julio 2014 
 De la pasión de multitudes al delirio de Estado. 

 Por Alfredo Grande 
 (APe).- Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salgo de casa por Arenales, lo de siempre en la calle y en mí...Cuando, de repente, detrás de un árbol, se aparece él. 

 Mezcla rara de mandato, delirio místico, mesianismo popular y marca registrada (CFK) del gobierno nacional. Estuve largas horas meditando sobre este muro de los tormentos. Varias ideas, por decirlo de alguna manera, cruzaron mi castigado cerebro. Si dios es argentino ¿eso es bueno o es malo? 
 Porque el riesgo es que llegue tarde, firme y se vaya. O que busque acuerdos con demonios o dioses de dudosa reputación con el solo objetivo de ser electo por toda la eternidad. O quizá sea como el diablo, y sepa más por viejo que por dios. Por otra parte, si un argentino escribe que Dios es Argentino, suena un poco autorreferencial. Un norteamericano podría decir: Dios salve a América (norte). Y supongo que así hasta los infinitos deseantes.
 Podría pensarlo el Topo Gigio en relación a Juan Carlos Mareco, nuestro inolvidable Pinocho. Para Gigio, el querido Topo, Mareco era un dios. Pero Gigio era un muñeco que nada sabía de sus verdaderos animadores. Quizá tengamos más de Gigio de lo que creemos. Ahora mal: que un argentino diga que dios es argentino es marca registrada de un narcisismo ególatra. Dios Es.
Restringirlo a una nacionalidad de apenas, por decir algo, 200 años, es herejía. Y de la buena. Si un Papa habla Urbi et Orbi (para la ciudad y el mundo) Dios no puede ser menos. El Papa podrá ser argentino y peronista, pero Dios…definitivamente no.
 *****
 La siguiente afirmación del afiche no deja de ser inquietante. El pueblo es peronista. Pero hay pueblo que no es peronista. Y no empecemos con el rating de los votos que nunca se sabe como termina. La lucha por quien es más peronista terminó o continuó con la Masacre de Ezeiza. Demasiado lejos está como para olvidarla. Pero además el pueblo peronista tiene diferentes peronismos para elegir cómo ser…peronista.
 Decir “el pueblo es peronista” no es una afirmación de filosofía política. Ni tampoco tiene que ver con el pensamiento nacional. Es un mandato divino apenas encubierto de mandato político. Cuya traducción sería: “El pueblo debe ser peronista como CFK decida. Es decir: decida cómo se debe ser peronista”. 
*****
 Pero lo que terminó de comerme la cabeza, por lo que deduzco que el afiche lo hizo un zombi, es la expresión en las caricaturas. Lo que transmiten los rostros de Maradona y Messi. El Diego no merece esa facha de facho represor. El bailarín del balompié que supo gambetear a 8 ingleses, incluida la reina, no debe ser escrachado con la misma jeta de un sargento de los que estaqueaban colimbas en las Malvinas. Jóvenes masacrados para los cuales Ischi decide que como no estudian ni trabajan deber ser obligados militarmente a brindar servicios.
 El uso, abuso y dependencia de las imágenes que el Poder genera no deja de ser alarmante. Combatimos las adicciones con la mano derecha y las imponemos con el pie izquierdo. Los vínculos también pueden ser adictivos y cuando la máquina publicitaria oficial y privada acecha y arremete, la adicción es incurable.
 Nuestra Asociación del Fútbol Argentino (AFanA) nunca respetó a Maradona. Ni como jugador, llamándolo de urgencia para un repechaje con Australia. Ni como técnico cuando los alemanes jugaron un poco mejor que nosotros y eso bastó para echarlo.
 El Fútbol para Todos (a todos los que le gusta el fútbol) es un pacto entre Fausto y el Diablo, que intuyo que también es argentino. El Presidente de la AFanA es un residuo no reciclable de la dictadura cívico deportiva militar. (Te perdono César Luis aunque sabías lo que hacías).
 Messi, el del balón de oro vitalicio, tiene un rostro como si padeciera de necesidades especiales. Es idéntico a un dibujo de Lombroso, el iniciador del tristemente célebre argumento del portador de rostro. Mezcla extraña de mejor jugador del mundo con niño conflictuado.
 Ninguno de los dos rostros tiene nada parecido a una sonrisa, no digo una expresión relajada. Parecen más un equipo de marines semper fidelis que de jugadores del más popular de los deportes. Sin embargo, este afiche es portador de claves que permiten descifrar algunos secretos de tantos enojos. Para reducirlo a una fórmula, que parafrasea un texto freudiano: “la sombra del Estado ha caído sobre la selección”.
 *****
 Con la obscenidad absoluta que únicamente el Poder permite alcanzar, la causa de un campeonato mundial de selecciones de fútbol fue transformada en una cruzada redentora. ¡¡Vamos Argentina!!.
 Un periodista se permitió hablar de una superioridad física e ideológica de un Pueblo. Lo de superioridad tiene feas resonancias. Especialmente porque remite a inferioridad. En las mentes de nuestros colonizadores externos e internos, dieron pasto a las fieras de varios exterminios. Pero no deja de ser preocupante decir “un Pueblo”. El singular y con mayúscula siempre es reaccionario. La Patria, La Familia, La Tradición, La Bandera… En cambio la minúscula y el plural sostienen las diversidades y las diferencias.
 En esta Argentina de la tercera década democrática hay pueblos sin bienestar físico (hambre, frío, calor, contaminantes, enfermedades del hacinamiento) y sin bienestar ideológico (martilleo sobre el consenso, la alianza de clases, el capitalismo serio, la burguesía nacional, los desarrollos no sustentables, el Estado Benefactor). Un solo Dios verdadero, un solo Pueblo verdadero, son el peligroso comienzo de las resistibles ascensiones de nuevos “Arturo Ui”1.
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 El seleccionado argentino tuvo 3 oportunidades netas de gol. Y las 3 desperdiciadas por delanteros goleadores. Como Holmes, no creo en las casualidades. Pienso que el delirio de que triunfe la superioridad de un país logró la derrota de un seleccionado que era el mejor y que tenía el mejor jugador del mundo. No les pesó la camiseta. Los aplastó la armadura patria. En 240 minutos de juego no pudieron hacer un gol. En instancias decisivas, goles son amores, pero amores que salvan o matan.
 Los pueblos que a veces aciertan idealizaron en Mascherano todo aquello que no consiguen ver por ninguna parte. Desde otro padre de la patria, hasta un nuevo guerrillero heroico. Un folklore espontáneo surgió después de la clasificación a la final. Las imágenes del jugador fueron emblemáticas del pasaje de la pasión de multitudes al contra delirio de Estado.
 Libertador, Revolucionario, Mascherano es un analizador que el pueblo necesita pero hace tiempo que no tiene héroes. La infernal maquinaria publicitaria del Estado fue desbordada por el acontecimiento. Del boca a boca, del mail a mail, el mito se construyó en horas. Arrasó incluso con otro mito. El erotismo plebeyo del sex symbol tatuado con sus irresistibles y marcados abdominales. Una forma de cierta sensatez por fuera de tanta locura mediática.
 *****
 Pero estos jugadores no son héroes. Son los modernos gladiadores de varios imperios, que algunos llaman sponsor. El virreinato AFanA , subsidiaria de la metrópoli FIFA, garantes de lo que he llamado “fútbol buitre”. Los gladiadores no tuvieron a ningún Espartaco que los enfrentara contra el César de turno. Y cuando el intento es servir a dos amos, el deporte y la industria del fútbol, el fracaso es inevitable. Por tres veces en la final el tiro gol del final no pudo salir. La cultura represora no perdona.
 Para gladiadores sumisos, mejor los alemanes, con Angela Merkel en el palco y todo. Un Espartaco en la cancha hubiera hecho la diferencia. Sin necesidad de la mano de dios ni de los cuernos del diablo. Y el delirio de Estado que todo apostó al vellocino de oro de la Copa del Mundo, tuvo que encubrir que nos quedó el sabor amargo del barro. Alguna vez el balón de barro será más importante que el balón de oro. Sólo entonces podremos ser derrotados, pero nunca más fracasaremos. Algunos, no demasiados, pero tampoco tan pocos, nos nos alegramos con una pelota de trapo.
 Otros, demasiados, aunque tampoco tantos, son capaces de vender a su madre y alquilar a su padre con tal de obtener una pelota de oro. Recordemos esta incompatibilidad fundante, porque en eso nos va la vida. Entre esos tipos y nosotros hay algo personal. Y colectivo.
 Y la disputa entre la pelota de oro y la pelota de trapo es otro de los nombres de la lucha de clases.
 1Bertold Brecht: La resistible ascensión de Arturo Ui” donde el autor parodia la historia del nazismo. 

Edición: 2736